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Ni Pedro Sánchez es un golpista ni Pablo Casado va a fusilar a nadie.

Radio Internacional / 24 octubre, 2018
con Federico Quevedo

Ni Pedro Sánchez es un golpista ni Pablo Casado va a fusilar a nadie.

A veces, los debates en el Congreso de los Diputados dan vergüenza ajena, y hoy ha sido uno de esos días. El Pleno de hoy se ha visto desbordado de exabruptos y bravuconadas, de excesos verbales, de altisonancias de esas que hacen chirriar los oídos más acostumbrados a la verborrea. No es la primera vez, ni será la última… Tampoco hay que rasgarse las vestiduras, y escenas parecidas se han vivido en parlamentos con más lustre democrático que el nuestro.

El problema es que lo de hoy forma parte de una escalada de tensión, de un clima in crescendo de crispación forzada. Digo forzada porque si uno baja al bar de la esquina, descubre que la gente normal, la que coge el autobús todos los días, la que lleva a sus hijos al colegio por la mañana, la que difícilmente paga sus recibos a final de mes, la que rebusca en la cartera unas monedas para invitar a cenar a la novia, esa gente normal, corriente, como usted y como yo, ni está crispada, ni está tensa… Como mucho, está triste y preocupada, y tiene razones para ello.

¿Por qué, entonces, el Congreso nos ofrece una imagen que poco o nada tiene que ver con lo que vivimos en la calle? ¿Es esto de ahora, o de siempre? Algo de durabilidad en el tiempo tiene esa brecha que hay entre la clase política y el mundanal ruido, pero da la sensación de que nuestros políticos se empeñan en agrandarla a costa de lo que sea.

No me extraña que la portavoz de Coalición Canaria, Ana Oramas, empezara hoy su intervención en la tribuna con una frase tan simple como lapidaria: “Les confieso que tengo miedo”.

Yo también lo tengo, porque no entiendo realmente a qué están jugando nuestros políticos, porqué se han distanciado de ese modo tan evidente de los ciudadanos, porque se han olvidado de que están ahí para solucionar nuestros problemas, no para crearnos otros nuevos como parecen empeñados en hacer. Pedro Sánchez no es un golpista, por mucho que se empeñe Pablo Casado. Y el problema es que él lo sabe, y aún así lo dice, lo afirma y se reafirma, como si con ello fuera a conseguir el voto por resignación de una España acojonada ante el peligro inminente que supone tener a un golpista en La Moncloa. Nada de eso… No es creíble que quien se aliara con el PP para aplicar el 155 se alíe con el separatismo para todo lo contrario, porque además en su partido lo crucificarían al amanecer en la Plaza Mayor.

Ni Pablo Casado tiene intención de fusilar a nadie. Por no matar, yo creo que el líder del PP no mataría ni a una mosca, y mucho menos a cañonazos. Pero da igual. La Tribuna del Congreso da pié a decir cualquier barbaridad que se le ocurra a la señoría que en ese momento ocupe el lugar. Aunque a los ciudadanos de a pie nos importe un rábano, porque lejos de creer que en el Congreso proliferen los golpistas y los fusiladores, lo que nos gustaría es que alguien se preocupara de lo nuestro, que para eso les hemos elegido.

 

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