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Las crisis económicas -y yo añadiría que la combinación de crisis económica, política y social-, producen monstruos.

Radio Internacional / 29 octubre, 2018
por Federico Quevedo

Las crisis económicas -y yo añadiría que la combinación de crisis económica, política y social-, producen monstruos. Esa era la tesis que sostenía Fritz Lang en su película El vampiro de Dusseldorf en la que se cuenta la historia de la persecución de un pederasta asesino de niñas… Aquella Alemania que atravesaba una profunda crisis económica, política y social acabaría creando otro monstruo llamado Adolf Hitler al que el pueblo alemán votó convencido de que podría sacarles de la profundidad del pozo en la que estaba sumergido. El problema de estas crisis es que siempre tienen culpables: Europa no supo ser generosa en la capitulación de Alemania y lejos de ayudar la reconstrucción tras la guerra, lo que hizo fue darle la espalda y humillarla.

En los últimos tiempos estamos viviendo circunstancias parecidas a las que llevaron al pueblo alemán a caer en manos del monstruo Hitler, salvando las distancias. Pero es evidente que una profunda crisis económica, política y social está derivando en la aparición de nuevos monstruos en forma de partidos de extrema derecha que crecen a la luz del descontento social y la rabia producida por los comportamientos de los partidos clásicos y las élites del poder. Y la izquierda no sólo no ha sabido dar respuesta a la demanda ciudadana, sino que además ha contribuido a encabronarla aún más si cabe, con comportamientos impropios fruto de la corrupción.

Eso fue lo que hizo durante años el Partido brasileño de los Trabajadores, tanto con Lula da Silva, como con Dilma Russeff., y eso es lo que ha provocado que de manera mayoritaria el pueblo brasileño eligiera a Jair Bolsonaro como nuevo presidente. Es un voto de rechazo, fruto del malestar y del desengaño con la política tradicional del país. Bolsonaro es un líder de extrema derecha, racista, nacionalista, del que solo podemos esperar un populismo peligroso que ya veremos en qué desemboca. Pero no vale con rasgarse las vestiduras, no vale con afirmar que Bolsonaro y el resto de los partidos de extrema derecha son siervos de los poderosos y cosas parecidas que he leído hoy en los tuits de los dirigentes de Podemos.

No señores: miren hacia dentro, pregúntense en qué nos estamos equivocando para que en España este surgiendo también el peligro de una extrema derecha xenófoba y nacionalista que, al igual que Bolsonaro, está pescando en río revuelto y parece que con bastante éxito. Y no pescan precisamente en las transparentes aguas de las clases medias acomodadas, que también, sino en las aguas turbias de los barrios obreros y la gente sin recursos, que ve peligrar sus puestos de trabajo y que se siente engañada por la inoperancia con la que los políticos han reaccionado a la corrupción.

¿Podemos parar esto? Sí, siempre que hagamos el análisis correcto para buscar las soluciones adecuadas. Echarle la culpa a los ricos, que es lo que hace siempre la izquierda, solo sirve para lamerse las heridas, con un evidente riesgo de contagio.

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