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Imagínense por un momento al Rey Felipe VI, incluso a la Reina Letizia, fregona en mano, pantalones arremangados, descalzos ….

Radio Internacional / 16 octubre, 2018
con Federico Quevedo

Imagínense por un momento al Rey Felipe VI, incluso a la Reina Letizia, fregona en mano, pantalones arremangados, descalzos -y no por el parque precisamente- y limpiando el barro acumulado tras las intensas lluvias caídas la semana pasada en Mallorca y que causaron la muerte de trece personas -a estas alturas nadie puede pensar que el pequeño Artur siga vivo- y cuantiosos daños materiales. A mi no me cuesta dar vida, aunque sea ficticia, a esa imagen. Es más, estoy seguro de que si por el Rey fuera, no hubiera dudado en coger la escoba que le ofrecía el humilde vecino de Sant Llorens y le habría echado una mano en las tareas de limpieza. Pero, ¿qué hubiera pasado?

Me explico. El hecho de que las autoridades, empezando por el monarca, pasando por el presidente del Gobierno y siguiendo por el líder de la oposición y, por supuesto, las autoridades locales, acudieran de inmediato a la zona afectada por la catástrofe para evaluar los daños y trasladar su respaldo a los damnificados, forma parte de la normalidad. A nadie le sorprende. Es más, de no haberlo hecho les hubiéramos criticado. Todos recuerdan a aquel famoso líder de la derecha bávara que perdió unas elecciones por no acudir a una zona afectada también por unas tremendas inundaciones y continuar disfrutando de sus vacaciones. Luego, hasta ahí, todo normal. La cosa cambia cuando de repente, un voluntario que acudió a las tareas de limpieza de Sans Llorenç en lugar de tender la mano al Rey, le tiende una escoba. El Rey la rechaza y le da una palmadita en el hombro.

Todo queda en anécdota, y probablemente no pase de ahí tratándose de quien se trata pero, ¿y si la hubiese cogido? El problema es que lo que ahora mismo no ha sido más que eso, una anécdota, se hubiera convertido sin lugar a dudas en el vídeo viral del momento, en la estrella de los comentarios de las redes sociales, en el trending topic del día y vaya usted a saber si también de los siguientes.  Ya no les cuento si en lugar de ser el Rey Felipe VI, son Pedro Sánchez o Pablo Casado los que se arremangan los pantalones y se ponen a barrer:

seguramente los memes habrían inundado twitter, facebook, instagram, whatsapp… Seguramente en otras circunstancias, hace años, cuando la opinión pública solo se visualizaba a través de la publicada, no sólo hubiera sido conveniente sino que, además, los propios medios de comunicación les habríamos animado a dar esa imagen.

El problema es que hoy nuestros políticos, nuestros responsables públicos, ya no responden a criterios normales de comportamiento, sino que están absolutamente condicionados por lo que se transmite en las redes sociales. Y me dirán, “oiga, de esto ya dijo usted algo ayer”.

Cierto, y lo seguiré diciendo cuantas veces haga falta, porque no considero saludable desde un punto de vista democrático que la acción política esté sometida a los vaivenes de las redes sociales. ¿Por qué si es Rafael Nadal el que se pone a fregar y a retirar barro todos le aplaudimos, y si lo hacen Pedro Sánchez, Pablo Casado o el mismísimo Rey de España lo consideramos una acción oportunista y les colgamos de un meme? Me gustaría encontrar una respuesta a esa pregunta, pero para mí sigue siendo un misterio.

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