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Hay una campaña de acoso y chantaje al Gobierno de Pedro Sánchez

Radio Internacional / 27 septiembre, 2018
con Federico Quevedo

Hay una campaña de acoso y chantaje al Gobierno de Pedro Sánchez. La hay, no les quepa ninguna duda. Se que afirmar esto me va a traer más de un problema, pero después de reflexionar sobre todo lo que está pasando en estos días, lo que viene pasando desde que se votara la moción de censura contra Mariano Rajoy, la conclusión es más que evidente. Es cierto que nada de esto ocurriría si Pedro Sánchez tuviera 150 escaños. Incluso los 137 que tenía el PP le hubieran servido para aguantar los envites estoicamente, pero en buena medida la culpa de que esta situación se esté convirtiendo en insostenible la tiene el hecho de que Sánchez se sostiene sobre la frágil minoría de

84 escaños, y cuando tus propios socios de Gobierno cuestionan la legitimidad de determinados ministros para seguir en el Ejecutivo, su defensa resulta casi imposible.

Gobernar un país en esas condiciones es un ejercicio de audacia casi irresponsable, pero si algo ha demostrado Pedro Sánchez es una capacidad de resistencia incluso superior a la de Mariano Rajoy, que ya es decir. Aún así, la moción de censura era legítima, el Gobierno es legítimo, y lo que está pasando roza cuando menos la delgada línea que separa lo legal de lo delictivo. Que la ministra Delgado haya sido torpe en la gestión de la crisis de las cintas grabadas por el ex comisario Villarejo, y que esa torpeza -que le llevó a mentir sobre el grado de conocimiento que tenía del personaje- le pueda costar el cargo, no puede ocultar el hecho de que la publicación de esas cintas implica un verdadero chantaje al Estado.

Ya sabemos lo que quiere Villarejo: seguirá apretando las tuercas con nuevas revelaciones hasta que consiga que le saquen de la cárcel. Pero el Estado no puede ceder. Se que la comparación es exagerada, pero si el Estado no cedió ante el chantaje de ETA cuando secuestró a Miguel Ángel Blanco y eso llevó a su asesinato, ahora, por muy débil que sea el Gobierno que lo representa, no puede someterse a la extorsión de un ex comisario imputado por graves delitos y que ha sido capaz de casi todo. Por muchas cintas que tenga guardadas. Por muchos secretos que pueda desvelar.

Pero que existe una campaña de acoso lo evidencia también el perfil de los medios que se ha elegido para poner en apuros al Gobierno de Pedro Sánchez. Y de esto hablaré largo y tendido la semana que viene, porque de alguna manera me he visto involuntariamente involucrado. Todos sabemos bajo qué cabeceras se atrincheran ciertos personajes del periodismo más canalla, y desde luego no seré yo el que les haga el juego por mucho que pisen las alfombras de determinadas tertulias haciendo el ridículo y ofreciendo un lamentable espectáculo.

No, verán… El Gobierno de España es algo mucho más importante que todo eso, independientemente de que se esté o no de acuerdo con el partido que ocupe esa institución. Le estamos haciendo un flaco favor a la fortaleza de nuestra democracia si seguimos alimentando la sospecha sobre cualquiera que se siente a la mesa del Consejo de Ministros. Y hasta hoy, que yo sepa, ninguno de ellos, ni siquiera los que han dimitido, ha cometido delito alguno y sólo han pecado de mala gestión de sus propios problemas.

No, señores, no estoy dispuesto a seguir jugando al juego que deciden otros. Ya lo hemos vivido en ocasiones anteriores, con asuntos muy graves como fue el 11-M, y aunque esto queda lejos de aquella brutal campaña contra el Gobierno de Zapatero por quienes quisieron involucrar al PSOE en la comisión de los atentados, en el fondo el interés es el mismo, y algunos de los protagonistas también.

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