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Editorial Federico Quevedo

Radio Internacional / 17 septiembre, 2018

Les voy a decir una cosa: a mi me da igual si Pedro Sánchez plagio dos párrafos de una tesis de más de trescientas páginas, o no los plagió… Me da igual si Pablo Casado acabó su master o se lo regalaron… me da igual si la ex ministra Carmen Montón tiró de wikipedia para redactar su trabajo de fin de postgrado o se lo inventó… Lo que me importa, lo que me importa de verdad, lo que verdaderamente me parece importante, es que Pedro Sánchez sea un buen presidente del Gobierno, que Pablo Casado sea un convincente líder de la oposición en el que poder confiar como alternativa y que la ex ministra Montón estuviera haciendo bien su trabajo al frente de Sanidad lo cual, tengo que decir, con alguna que otra discrepancia, era así.

Eso es lo importante, eso es lo que tendría que preocuparnos, y no si sus currículums son todo lo ciertos que deberían ser… ¿O es que en este país nadie ha exagerado un poco su curriculum para poder lograr un mejor puesto de trabajo o un salario más alto? Durante años hemos vivido una burbuja de títulos, oficiales o no, porque parecía que un curriculum sin un master era un curriculum pobre, cojo, insuficiente… incluso para ser político, para ocupar un cargo público por modesto que éste fuera, parecía imprescindible aparentar lo que no se era.

Pero no debe ser así: ser un servidor público, que en definitiva es el objetivo de la política, no requiere haber estudiado en las más ilustres universidades ni haber logrado una colección de cum laudes. A veces, quien más tiene de todo eso, es quien más carece de otras facultades, como la sensibilidad, necesarias para ocuparse de los asuntos de la res pública. No ha habido peor ministro de Hacienda que Cristóbal Montoro, ilustre catedrático de Hacienda Pública y reconocido analista del Instituto de Estudios Económicos antes de que Aznar le fichara para entrar en política.

No, un master no otorga ningún plus de capacidad. Pero si puede ser un handicap. Durante toda una semana nos hemos hartado de hablar del master de Montón, del de Pablo Casado y de la tesis de Pedro Sánchez, cuando la verdad es que este país tiene problemas mucho más importantes, mucho más serios: ahí está sin resolverse el desafío catalán que amenaza con volver a darnos muchos disgustos a partir de este otoño, seguimos teniendo una tasa de paro elevadísimo con especial incidencia en los mayores de 45 años y en las mujeres, tenemos una economía que ha vuelto a estancarse y amenaza con una nueva recesión… Eso son problemas: la gente que sigue sufriendo porque no le han llegado los beneficios de la salida de la crisis, los pensionistas que siguen sin ver suficientemente recompensados sus años de trabajo y de aportación a las arcas públicas, los que han perdido su hogar…

Podríamos seguir pero, ¿quien se ocupa de todo eso? ¿A qué hemos estado jugando los medios de comunicación durante todos estos días, enredados en una espiral de morbo y espectáculo indecentes a cuenta de la puñetera tesis y del puñetero master? Y perdónenme. Yo no cuestiono, al contrario, aplaudo, a los medios que obtuvieron la información y la publicaron, porque esa es nuestra obligación como periodistas. Pero también lo es no hacer perder a la opinión pública el tiempo con tonterías, cuando el país tiene problemas tan serios como los descritos, pero ahí hemos estado, tertulia tras tertulia, dedicados a escudriñar en los curriculums de sus señorías en lugar de ocuparnos de los verdaderos problemas del país. Muy triste, pero que luego no se quejen de la crisis del periodismo.

Federico Quevedo

El Faro

17-09-2018

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