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Comparar a este Gobierno con el de una república bananera es, sin duda alguna, una exageración injusta

Radio Internacional / 4 octubre, 2018
con Federico Quevedo

Comparar a este Gobierno con el de una república bananera es, sin duda alguna, una exageración injusta. Ni España es Venezuela ni lo será nunca por mucho que haya quien crea que eso puede ocurrir. Sin embargo, en los últimos días el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha mostrado algún tick que pone de manifiesto, al menos, que cuando se trata de mantener el poder algunos son capaces de hacerlo a costa de lo que sea, y eso tiene muy poco de democrático y sí mucho de cierta tentación totalitaria.

Me explico, para que ustedes lo entiendan: a raíz de las informaciones publicadas por un diario digital sobre las conversaciones de la ministra de Justicia, Dolores Delgado con el ex comisario Villarejo, y las que afectaban al ministro de Pedro Duque en relación a la compra de su chalet a través de una sociedad instrumental, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, afirmaba que “la información falsa sobre la noticia/bulo es rápida y gratis en términos materiales, y carísima en términos del peligro que eso alberga para la convivencia y la propia democracia”. Y a renglón seguido dejaba caer la posibilidad de que el Gobierno regulara eso que se llama las fake news o informaciones falsas.

Es cierto que la idea ha sido desterrada casi al mismo tiempo que se aireaba, entre otras cosas porque incluso en el seno del Gobierno y del PSOE se echaron las manos a la cabeza. ¿Regular a la prensa?

¿Estamos locos, o que? Pero el debate ha estado ahí, y partía de esa relación extrañamente compleja que existe entre prensa y poder. Decía Thomas Jefferson que si le obligaban a elegir entre un Gobierno sin periódicos y un país con periódicos y sin Gobierno, él optaba sin dudarlo por la segunda opción.

El papel crítico de la prensa es consustancial a la propia democracia, y sin él, la democracia estaría coja, cuando no inválida. De ahí la sorpresa de las declaraciones de Calvo que, de alguna manera, emulaban a las de Donald Trump calificando de fake news toda información negativa relativa a él. A ningún Gobierno le gusta que le saquen en los medios noticias que pueden desgastarle, pero esto forma parte del trabajo de los periodistas. Otra cosa es que las informaciones sean falsas, o mentira, pero para esto están también los tribunales.

Sin embargo, en el caso que nos afecta no ha habido falsedad alguna:

puede no compartirse esa forma de hacer periodismo -la de publicar asuntos y conversaciones privados-, pero eso no significa que las conversaciones de Delgado y Villarejo no existieran, o que fuera mentira que Pedro Duque se compró un chalet a través de una sociedad instrumental. No son fake news, son noticias ciertas, aunque no gusten a sus protagonistas.

Puestos a señalar una fake news, fue la propia vicepresidenta la que enarboló una diciendo que la UE se proponía regularlas… Nada más falso. Nadie pretende poner coto a las noticias de la prensa. Porque no se puede. Las fake news o noticias falsas han existido siempre, y seguirán existiendo, entre otras cosas porque los primeros que las hacen circular son los propios gobiernos, y nadie va a proponer prohibirlos… ¿O si?

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